miércoles, 26 de septiembre de 2012

6000


http://blogs.publico.es/rosa-espinas/2012/09/26/6-000/

Como, según la Delegación del Gobierno, había ayer en Madrid tan solo 6.000 manifestantes, considero prueba irrefutable de incompetencia gubernamental haber movilizado a 1.400 (que eran más) agentes de policía para controlar el 25S.

Movilizar a tantos agentes, cerrar el Congreso, poner helicópteros y disfrazar infiltrados es hacer el ridículo, y espantoso, ante unos señores, 6.000, que no representan ni al cero coma cero poco por ciento de la población española. Ayer había casi más policías que personas, según la delegación del gobierno. Y eso puede ser muy peligroso para la policía.
Estas minúsculas manifestaciones deben ser tratadas con la sofisticación que se merecen. Porque nada le cuesta al gobierno, en lugar de desplegar a 1.400 policías, invitar a 6.000 tés a los indignados y calmarlos. Que el Palace está al lado del Congreso. Y un té cuesta cuatro duros. Porque se va rumoreando por ahí que el despliegue policial, para controlar a estos 6.000 cuatro gatos, ha costado unos 200.000 euros en horas extras policiales. Con eso se calma a un corrupto para que deje de corromper durante dos meses. O se paga la hipoteca de un buen hombre.
Cuando el Estado, y más si es el español, nos pone a los 6.000 gatos tanta vigilancia, a mí se me hace de preocupar, porque yo siempre he detestado la jardinería, y no me gustaría volver a criar malvas en las cunetas. Como ya hice en 1936.
Estos 6.000 tíos, unos don nadie, no merecían tanta protección, habiendo en España mucho banquero con su trasero expuesto a tantos delitos sexuales. Ya que el clamor popular indica que casi todo el mundo quiere darle a los banqueros por ahí. Con perdón a los que conserven preferentes.
Estos excesivos pruritos con las minorías, ya que eran solo 6.000, nos hacen plantearnos si en España no sobrarán más ciudadanos que oligarcas, pues uno nunca ha visto a Joan Rosell recibiendo las patadas y hostias policiales que tan alegremente recibía ayer el pueblo. Por tu compromiso con la democracia, Joan. Como los del 25S ayer.
Estos 6.000 manifestantes orondos, y lo digo no por despreciar a los gordos, sino para demostrar que solo 6.000 gordos muy gordos pueden llenar todo Madrid, tendrían que darse cuenta de que es un dispendio gastar tanta policía en ellos. Y comer menos. Y no manifestarse. Y quedarse en sus casas. Como 6.000 gilipollas. Y ver esa película sobre la democracia, que echan todos los días en todas las cadenas, titulada Novia a la fuga.
Pero no se enteran. Son solo 6.000. Entre 6.000 tíos y tías, nunca ha sido fácil desenterrar un solo pensamiento. Para eso están los diputados, ¿no?
Pasarán años hasta que yo comprenda por qué había 1.400 policías rodeando el Congreso y 6.000 ciudadanos rodeando a los policías. A mí la cuenta de cuatro ciudadanos por cada policía me parece exuberante, salvo si me pongo ninfómano y pienso en otro tipo de satisfacción.
No quiero sospechar, bajo ningún concepto, que el Gobierno nos haya engañado, y que no fueran 6.000 los manifestantes, sino los que yo vi. Desaguando el mar de Neptuno en su plaza, carnalizando a Goya Prado arriba y Prado abajo, y dejando al Thyssen-Bornemisza un poco desangelado de señoras extranjeras y de civilidad.
No quiero pensar que nuestros gobernantes, o sea, representantes, o como dice Clint Eastwood, empleados, nos hayan querido engañar. Porque eso no ha pasado nunca. Y, si queréis comprobarlo, pedidle a Urdaci el teléfono de la ce ce o o. Pero sería terrible que un gobierno veraz y democrático como este nos insultara de esa manera. Y menos un gobierno como dios manda. Que es gran pecado mentir, según no sé cuál mandamiento. Y, si no cumples ese mandamiento, un curita te toqueteará. ¿No? La verdad, o sea. Pido. ¿Seguro que eran solo 6.000?


















Querido policía, déjame felicitarte por lo de ayer. Te portaste como un hombre, te ganaste a base de porrazos la paga extra que te habían quitado y cumpliste a la perfección el encargo de apalear al pueblo. Es cierto que para otras cosas, la verdad, no vales, por ejemplo, eres incapaz de distinguir un hueso de pollo de un hueso de niño, con lo cual una simple investigación por asesinato acaba transformándose en un circo mediático y un pobre paleto te chulea durante meses, pero es que tú no estás para eso, querido policía, a ti no te pagan para pensar ni para sumar dos y dos siquiera. Lo tuyo es intimidar, montar follón, colarte dentro de una pacífica multitud y caldear los ánimos, manejar la porra y pegar hostias. Y lo cierto es que para eso no tienes precio, aunque el despliegue militar de ayer (con casi 1.500 efectivos, carretadas de lecheras, helicópteros, caballos, vallas, pelotas de goma) le haya salido por un pico al contribuyente. Con lo que te pagaron ayer a ti y a tus colegas por acojonar y romper huesos, se podía haber construido un colegio.
Da la casualidad de que ayer pasé frente al Congreso, no por Neptuno, sino por la Carrera de San Jerónimo, y vi la tremenda multitud a la que tenías que hacer frente: muchos jubilados, algunos con bastón, una señora armada de un silbato, otra con una camiseta contra los recortes, un montón de jóvenes de ambos sexos, unos cuantos fotógrafos, e incluso una pareja de ciegos que paseaba de arriba abajo tentando el aire. Aunque para ciego tú, querido policía, ciego y sordo, blindado de arriba abajo, envuelto en tu escudo y tu casco pretoriano para demostrar una vez más que no estás ahí para defender al pueblo sino para todo lo contrario. Al verte, tan chulo, tan orgulloso de tu fuerza, recordé a aquel anti-disturbios que me tropecé ventitantos años atrás, en una manifestación universitaria, un tipo grande como una montaña al que oí gruñir mientras acariciaba la porra: “Qué ganas tengo de repartir hostias”.
Querido policía, sigues siendo la misma bestia sin ojos y sin alma de toda la vida, la misma máquina de golpear de hace veinte años y de hace cincuenta años. Te conocemos ya porque te hemos visto antes, te hemos visto muchas veces, vestido con ese o con otro uniforme, el perro de presa del dinero, el esbirro imprescindible de todo poder y toda época: el mismo cosaco a caballo que golpeó al pueblo hambriento hasta la muerte en la Plaza Roja, el policía gordo que apaleaba negros en Mississipi, el tanquista ruso que entró a sangre y fuego en las calles de Praga.
Querido policía, debes de sentirte muy hombre sabiendo que enfrente sólo tienes manos desnudas y palabras, debes de sentirte justificado en tu violencia cuando hasta tú te tragas tus propias mentiras y acabas por creer que estabas haciendo frente a tácticas de guerrilla urbana cuando allí sólo había gente que no venía ni a tomar el Congreso ni a secuestrar diputados sino a expresar su rabia, a gritar que ya están hartos de tanta mentira y tanto expolio. El Congreso ya está tomado por una banda de cuatreros que ha incumplido todas sus promesas, unos sicarios del poder financiero al que sirven con la misma devoción que vosotros a ellos. Ya sé que lo tuyo no es pensar, pero piensa por un momento que si la muchedumbre de ayer hubiera ido con ganas de bronca, probablemente no habrías salido tan bien parado. A veces me pregunto cómo será eso de llegar a casa con el deber cumplido cuando tu deber consiste en agarrar del cuello a una mujer, en abrirle la cabeza a un señor indefenso, en reventar a palos a un joven tirado en el suelo. Ya sé que te pagan a tanto por hostia y a doble por cabeza abierta, pero te advierto que la gente se está empezando a hartar de que la traten como a ganado, de que la ordeñen cada cuatro años y la aporreen siempre que les apetezca.
Que duermas bien, machote.




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