sábado, 12 de enero de 2013

Manzanas, robots y plutócratas




http://www.sinpermiso.info/articulos/ficheros/roberts.pdf

Se ha abierto un debate entre los economistas sobre el futuro a largo plazo del capitalismo en EEUU: ¿Tiene algún futuro el sector manufacturero en EEUU? O ¿el capitalismo de EEUU simplemente dejará de ser una economía capitalista dinámica y productiva y se transformará en una economía rentista basada en las finanzas, los seguros y los bienes raíces? Porque, de hecho, sobrevive gracias a reducir la participación del trabajo en la creación de valor, tanto en casa como en sus inversiones en el extranjero.

En cierto modo, es refrescante que los economistas convencionales finalmente tengan en cuenta algunas de las contradicciones subyacentes a la acumulación capitalista, en lugar de asumir que el modo de producción capitalista va bien y los únicos problemas que tiene se encuentran en el sector financiero (bancos y crédito) o en el de las políticas monetaria y fiscal. El gurú keynesiano Paul Krugman, ha comenzado a "comprenderlo". En una reciente nota en su blog, citó los últimos datos de la Oficina de Análisis Económico de EEUU sobre la participación del trabajo en el ingreso bruto del sector manufacturero en EEUU.


¡Wow! exclamó Krugman sorprendido por estas estadísticas que muestran como la proporción de estos ingresos que perciben los trabajadores se encuentra al nivel bajo de la posguerra. Y comenta: "la historia ha dado un giro de 180 grados, y si se quiere entender lo que está pasando con la distribución del ingreso en la economía del siglo 21, hay que dejar de hablar tanto competencia y empezar a hablar mucho más sobre los beneficios y quién es el dueño del capital. Mea culpa: yo mismo no lo he comprendido hasta hace poco. Pero es realmente crucial" (11 de diciembre).

Así que tenemos que empezar a hablar de los beneficios y quién es el dueño del capital. ¡Caramba! Esto huele a economía marxista. Y de hecho, en otra nota, Krugman reconoce justamente eso. "Creo que nuestros ojos no han querido ver la dimensión capital / trabajo de la desigualdad por varias razones. No parecía crucial en la década de 1990, y poca gente (yo incluido) la ha analizado y se ha dado cuenta de que las cosas han cambiado. Suena a viejo marxismo -lo que no debería ser razón para ignorar los hechos, pero lo es con demasiada frecuencia. Y tiene consecuencias muy desagradables". Y que lo diga.

Krugman se pregunta si estamos volviendo a un discurso marxista. "¿Estamos de verdad volviendo a hablar de capital versus trabajo? ¿No es eso anticuado, una argumentación casi marxista, obsoleta en nuestra moderna economía de la información? Bueno, eso es lo que mucha gente cree, porque las discusiones de anteriores generaciones sobre desigualdad se han centrado abrumadoramente no el capital versus trabajo, sino en cuestiones de distribución entre los trabajadores, ya sea en la brecha entre trabajadores más y menos educados o en los disparatados ingresos crecientes de un puñado de superestrellas de las finanzas y en otros campos. Pero quizás sea ya el pasado. La brecha salarial entre los trabajadores con o sin educación universitaria, que creció mucho en la década de 1980 y principios de 1990, no ha cambiado mucho desde entonces. De hecho, los graduados universitarios más recientes tenían sus ingresos estancados, incluso antes de la crisis financiera. Cada vez más, los beneficios han crecido a expensas de los trabajadores en general, incluyendo aquellos trabajadores con la capacitación que se suponía implicaba el éxito en la economía actual".


(Cambios en los salarios de los trabajadores masculinos a tiempo completo en EEUU 1963-2008. Los salarios han crecido más en el caso de los más cualificados y menos en aquellos con menor formación)


La economía dominante convencional defendía que las desigualdades son el resultado de diferentes cualificaciones en la fuerza de trabajo y que la participación de la fuerza de trabajo depende de la carrera entre los trabajadores que mejoran su cualificación y educación y la introducción de máquinas para reemplazar esas mismas habilidades. En la mayor parte del Siglo XIX, alrededor del 25% de toda la mano de obra agrícola trillaba el grano. Ese trabajo fue automatizado en 1860. El Siglo XX se caracterizó por una aceleración de la mecanización no sólo de la agricultura, sino también del trabajo en las fábricas. Haciéndose eco de la primera ganadora del Premio Nobel de Economía, Jan Tinbergen, los economistas de Harvard Claudia Goldin y Larry Katz lo describen como una "carrera entre la educación y la tecnología".

Pero Krugman reconoce ahora que las desigualdades sociales de ingresos y riqueza en EEUU y la proporción cada vez menor de ingresos que perciben los trabajadores en el sector capitalista no se deben al nivel de educación y capacidad de la fuerza de trabajo de EEUU, sino a factores más profundos. Cita dos posibles explicaciones: "Una es que la tecnología ha dado un giro que coloca en situación de desventaja a la fuerza de trabajo, y la otra es que estamos viendo los efectos de un fuerte aumento de poder de monopolio. Se pueden pensar estas dos historias poniendo el acento en los robots o en los plutócratas".

Vamos a considerar si alguna de ellas explica lo qué Krugman considera que es el dramático cambio del panorama de la distribución social del ingreso y la riqueza en EEUU. La primera explicación parece defender que la tecnología moderna es "favorable al capital", es decir, pretende sustituir trabajo por máquinas en el tiempo. Una explicación que se ha convertido en una discusión general sobre la introducción de robots. Pero esta también es una visión económica marxista. Uno de los argumentos teóricos marxistas básicos es que la presión de la competencia para obtener beneficios y mantener la rentabilidad obliga a los productores capitalistas a encontrar nuevas tecnologías que permitan ahorrar costes generales de producción.

Es posible que nuevas economías capitalistas en expansión utilicen enormes cantidades de mano de obra barata para crear plusvalía en lugar de utilizar nueva tecnología (o, idealmente, una combinación de ambas, como en China y Asia Oriental). Pero en economías más maduras (y envejecidas) la oferta de mano de obra barata se ha agotado y los capitalistas de “Occidente" sólo pueden competir en los mercados mundiales ya sea exportando su capital hacia las economías emergentes (el imperialismo o la globalización) o buscando nuevas tecnologías que aumenten la productividad del trabajo de manera exponencial.

La "globalización" es la historia de la “solución” a la caída de la rentabilidad en las economías capitalistas de la época que va de finales de 1970 a principios de 2000. Sin embargo, una nueva caída de la rentabilidad a finales de 1990, las recesiones de 2001 y la Gran Recesión de 2008-9 han puesto en peligro esa solución. De hecho, ahora se argumenta que ya no es más barato construir fábricas y expandir el negocio en las economías emergentes porque los salarios allí están aumentando rápidamente. De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo, en su Informe Mundial sobre el Trabajo, los salarios ajustados a la inflación media en China se triplicaron durante la década de 2000 a 2010. Y en el conjunto de Asia, se han duplicado. En Europa Oriental y Asia Central, los salarios medios casi se triplicaron. Sin embargo, en el mundo desarrollado, los salarios apenas son más altos que en el 2000.

Lo que ha llevado a algunos a afirmar que después de 60 años de declive, las industrias manufactureras puede que empiecen a volver a las economías capitalistas avanzadas. Y que la rentabilidad volverá a crecer de nuevo en las economías capitalistas gracias a una nueva revolución industrial. El que Apple abra nuevas fábricas en EEUU en lugar de Asia está dando mucho que pensar. Apple dice que invertirá 100 millones de dólares en la producción de algunos de sus ordenadores Mac en Estados Unidos, además del trabajo de montaje que ya hace en Estados Unidos. En los últimos años, las compañías de diversas industrias, incluyendo la electrónica, dispositivos médicos y automotriz han anunciado que “recuperan” puestos de trabajo después de décadas de deslocalizarlos al extranjero. En octubre, Lenovo, el gigante de la informática con sede en China, informó que comenzaría a fabricar sus ordenadores de marca Think, incluyendo portátiles, de escritorio y algunas tabletas en EEUU.

En realidad es una falsa ilusión de los medios de comunicación de EEUU. General Electric ha contratado a trabajadores estadounidenses para fabricar calentadores de agua, refrigeradores, lavaplatos y lavadoras de alta eficiencia de carga superior, pero sigue creando también más puestos de trabajo en el extranjero. Los iPad y el iPhone de Apple, que equivalen a casi el 70% de sus ventas, se siguen fabricando en lugares de bajo coste como China, sobre todo a través de subcontratas con empresas externas como Foxconn. El sector manufacturero estadounidense ha crecido en los últimos dos años, pero el sector todavía tiene dos millones de puestos de trabajo menos que cuando comenzó la recesión en diciembre de 2007. El sector manufacturero mundial crece mucho más rápido, incluso en el caso de muchas empresas de propiedad estadounidense que se están expandiendo en su país. Los niveles salariales puede que hayan aumentado en las economías emergentes y se hayan estancado en las economías avanzadas, pero la brecha sigue siendo enorme. A partir de 2010 (el último año disponible), los costes salariales por hora en el sector industrial en EEUU fueron cuatro veces superiores a los de Taiwán y 20 veces mayores que en las Filipinas.

Y aunque algunas fábricas regresen a EEUU, no traerán con ellas puestos de trabajo: todo lo contrario. Un nuevo estudio realizado por McKinsey, la consultora de gestión, considera que el sector manufacturero ahora representa el 20% de la producción económica mundial y el 37% del crecimiento de la productividad global desde 1995. Pero debido a que la inversión en el sector manufacturero es "favorable al capital”, no crea puestos de trabajo y está diseñado para evitar el aumento de los salarios. De hecho, según McKinsey, el empleo industrial cayó un 24% en las economías avanzadas entre 1995 y 2005. En general, lo que ocurre a nivel mundial es el resultado del aumento de la fuerza de trabajo industrial en las economías emergentes y la caída de las economías avanzadas, como pone de manifiesto un gráfico elaborado por John Smith en su excelente estudio El imperialismo y la globalización de la producción.
(Crecimiento de la fuerza de trabajo, en azul economías desarrollados, en rojo emergentes)


En las economías avanzadas, el aumento de los beneficios sólo puede resultar de elevar la productividad del trabajo o de una reducción del coste de las materias primas (energía), en lugar de bajar o congelar los salarios utilizando mano de obra más barata. La revolución del petroleo y del gas bituminosos en América del Norte y partes de Europa puede (tal vez) ayudar a reducir los costes de energía durante la próxima década. Pero la reducción de los costes globales depende en gran medida de nuevas tecnologías.

Lo que me lleva al tema de los robots, que es presentado como el medio prioritario por el que deben optar las economías capitalistas avanzadas para competir en los mercados mundiales de manufacturas. Si los fabricantes utilizan cada vez más robots, pueden reducir los costes de una mano de obra cara y todo le ira bien al capitalismo.

En algunas industrias de alto perfil, la tecnología está desplazando a los trabajadores de todas, casi todas, las categorías. Por ejemplo, una de las razones por las que algunos fabricas de alta tecnología regresan a EEUU es que en estos días la pieza más valiosa de un ordenador, la placa base, es básicamente fabricada por robots, por lo que la barata mano de obra asiática ya no es razón para su producción en el extranjero. Los robots significan que los costes laborales ya no importan tanto y que los capitalistas pueden localizar la fabricación en los países avanzados con grandes mercados y mejor infraestructura. Incluso los bajos salarios percibidos por los trabajadores industriales en China no les han protegido de la competencia de la nueva maquinaria. Terry Gou, fundador de Foxconn, anunció este año un plan para comprar 1 millón de robots en los próximos tres años para reemplazar gran parte de su fuerza de trabajo. Los robots se harán cargo de los trabajos de rutina como pintura, soldadura y montaje básico.

La economía convencional se ha dado cuenta ahora que esto no es una buena noticia para el trabajo y sugiere que el "sesgo favorable al capital” de la tecnología podría explicar la caída de la participación del trabajo y las desigualdades crecientes. Como lo expresó Krugman: "El efecto de los avances tecnológicos en los salarios depende de la parcialidad del progreso, si favorece al capital, los trabajadores no participarán plenamente de las ganancias de productividad, y si es muy favorable al capital, su situación puede en realidad empeorar. Así que es un error suponer, como mucha gente de derechas parece hacer, que los beneficios de la tecnología siempre alcanzan a los trabajadores: no necesariamente. También es erróneo suponer, como hacen algunos (pero no todos) en la izquierda que el crecimiento rápido de la productividad necesariamente destruye puestos de trabajo o reduce salarios. Todo depende".

Sí, claro que sí: depende de la lucha de clases entre capital y trabajo por la apropiación del valor creado por la productividad del trabajo. Y es evidente que el trabajo ha ido perdiendo esa batalla, sobre todo en las últimas décadas, bajo la presión de las leyes antisindicales, el fin de la protección de los trabajadores y el empleo, la reducción de beneficios sociales, un creciente ejército de reserva de desempleados y subempleados y la globalización de la producción industrial.

De acuerdo con el informe de la OIT, en 16 economías desarrolladas, el trabajo tuvo una cuota del 75% de la renta nacional en la década de 1970, pero esta cifra se redujo a 65% en los años inmediatamente anteriores a la crisis económica. Creció en 2008 y 2009 - pero solo porque la renta nacional cayó en esos años - antes de reanudar su curso descendente. Incluso en China, donde los salarios se han triplicado en la última década, la participación de los trabajadores en la renta nacional se ha reducido.


(Tendencia al crecimiento de los salarios medios y productividad del trabajo en economías desarrolladas)



Pero esto no es nuevo en la teoría económica. Marx explicó en detalle en El Capital que esta es una de las principales características de la acumulación capitalista – el sesgo favorable al capital de la tecnología - algo continuamente ignorado por la economía convencional, al parecer hasta ahora. Marx lo explicó de manera diferente a la economía convencional. La inversión en el capitalismo tiene lugar únicamente por el beneficio, no para aumentar la producción o la productividad per se. Si no se puede incrementar el beneficio mediante más horas de trabajo (es decir, más trabajadores y más horas) o por la intensificación del esfuerzo (velocidad y eficiencia - tiempo y movimiento), la productividad del trabajo sólo puede aumentar gracias a una mejor tecnología. Por lo tanto, en términos marxistas, la composición orgánica del capital (la cantidad de máquinas e instalaciones en relación con el número de trabajadores) tenderá a crecer secularmente. Los trabajadores pueden luchar para conservar la mayor cantidad posible de valor nuevo que han creado como parte de su "compensación", pero el capitalismo sólo invertirá para crecer en tanto provoque una caída de la rentabilidad. La acumulación capitalista implica necesariamente en el tiempo una reducción de la participación del trabajo o lo que Marx llamaría una tasa de explotación creciente (o plusvalía).

En una nota anterior, “Crisis o ruptura”, me planteé la gran pregunta de si el capitalismo en EEUU está en declive, porque no puede ya desarrollar nuevas tecnologías suficientemente productivas. De hecho, la nueva inversión y por ende el crecimiento de la economía de EEUU tiende a permanecer en su nivel más bajo. Esta fue la tesis de Robert Kurz, Robert Gordon y David Graeber, entre otros.

Por lo tanto, ¿la idea de que la producción industrial en EEUU podría revivir gracias a la difusión de las tecnologías robóticas refuta ese pronóstico? Marco Annunziata, economista jefe de la empresa General Electric, cree que lo hace. Afirma que una red de "máquinas inteligentes", programas informáticos y sensores que él llama el "internet industrial" puede propagarse a través de la industria, obtener grandes ganancias de productividad y así refutar a Gordon et al. El economista de Harvard Ken Rogoff también ha analizado la tesis de Gordon: "Ciertamente, hay quienes creen que las fuentes de la ciencia se están secando, y que, cuando uno mira de cerca, los últimos inventos e ideas que mueven el comercio mundial, son esencialmente desarrollos derivados. Pero la gran mayoría de mis colegas científicos, en las mejores universidades, parecen muy entusiasmados con sus proyectos en nanotecnología, neurociencias y la energía, entre otros campos de vanguardia. Creen que están cambiando el mundo a un ritmo nunca visto".


(Ventas de robots industriales, en miles)



Si Annuziata y Rogoff están en lo cierto y Gordon equivocado, ¿significa que al capitalismo le va bién? ¿Será el capitalismo salvado por los robots, mientras los trabajadores podrían vivir la vida feliz de ocio que John Maynard Keynes preveía en la década de 1930 que ocurriría en capitalismo más o menos en nuestra época? (Volveré a los pronósticos de Keynes sobre sus inexistentes nietos en una futura nota). Es evidente que las tecnologías pasadas no lo han conseguido. Las predicciones de la década de 1970 de que los trabajadores tendrían que preocuparse más acerca de que hacer con su tiempo libre que de conseguir suficiente trabajo para llegar a fin de mes no se han materializado. ¿Lo conseguirán ahora los robots?

La economía marxista diría que no: por dos razones fundamentales. En primer lugar, la teoría económica marxista parte del hecho innegable de que sólo cuando los seres humanos trabajan realizan un trabajo se produce algo, bien sea un bien o un servicio, además de lo que proporciona la naturaleza. Y, lo que es más importante, sólo el trabajo puede crear valor en el capitalismo. Y valor es algo específico del capitalismo. Si, el trabajo vivo puede crear cosas y prestar servicios. Pero el valor es la sustancia del modo capitalista de producir cosas. El capital (los propietarios) controlan los medios de producción creados por el trabajo y sólo los ponen en uso con el fin de apropiarse del valor creado por el trabajo. El capital solo no crea valor.

Ahora bien, si toda la tecnología, los productos de consumo y los servicios pudieran reproducirse sin trabajo vivo y pudiera hacerlo mediante robots, se producirían bienes y servicios, PERO NO crearían valor (en particular, beneficios o plusvalía). La acumulación en el capitalismo dejaría de tener lugar mucho antes de que los robots se hicieran cargo por completo de la producción, ya que la rentabilidad desaparecería a consecuencia del sesgo “favorable al capital” de la tecnología. La más importante ley del capitalismo, como Marx la llamaba, entraría en funcionamiento, es decir, la tendencia a la caída de la tasa de ganancia. A medida que aumenta la tecnología “favorable al capital”, la composición orgánica y el valor del capital también crecerían y por lo tanto la fuerza de trabajo no sería capaz de crear eventualmente valor suficiente para mantener la rentabilidad (es decir, plusvalía en relación con todos los costes del capital). Nunca llegaremos a una sociedad robotizada, nunca tendremos una sociedad del ocio sin trabajo: no en el capitalismo. Tendrán lugar mucho antes crisis y explosiones sociales.

Esta primera razón de por qué la tecnología robótica no es la solución es completamente ignorada o rechazada por la economía dominante convencional, ya que carece del concepto de una ley del valor en el capitalismo. Y por muy buenas razones ideológicas. Piensa sólo en términos de cosas físicas (con el dinero que le cae del cielo) no en el valor que necesitan apropiarse los dueños del capital. Por eso la sugerencia de Krugman de que deberíamos hablar de "beneficios y de quién es el dueño del capital" es inusual.

Es la segunda razón por la qué los trabajadores no tendrán una sociedad del ocio mientras los robots hacen el trabajo, como acaba de darse cuenta la economía dominante. Y ello por la caída en la participación del trabajo en el valor total. Aparte del sesgo favorable al capital de la tecnología, Krugman considera que el "poder monopólico" puede ser otra causa, es decir, el dominio de los plutócratas. Krugman lo dice de esta manera. Tal vez la participación del trabajo en la renta está cayendo porque "en realidad no existe la competencia perfecta" bajo el capitalismo, "el aumento de la concentración empresarial puede ser un factor importante en el estancamiento de la demanda de mano de obra, ya que las empresas utilizan su creciente poder de monopolio para aumentar los precios sin compartir las ganancias con sus empleados".

Lo que Krugman parece estar sugiriendo es que una imperfección en la economía de mercado crea esa desigualdad y que si corregimos esa imperfección (monopolio) todo funcionará bien. Krugman plantea el problema en los términos de la economía neoclásica. Los marxistas dirían que no es el dominio de los monopolio, sino el dominio del capital. Si, el capital se acumula a través de mayor centralización y concentración de los medios de producción en manos de unos pocos. Ello asegura que el valor creado por el trabajo es apropiado por el capital y que la proporción destinada al 99% se reduce al mínimo. Pero no porque el monopolio sea una imperfección de la competencia perfecta, como explica Krugman, sino porque es el monopolio de la propiedad de los medios de producción por unos pocos. Así es como funciona el capitalismo, con todos sus defectos incluidos.

Como muestra el primer cuadro, la caída en la participación de los trabajadores en la renta nacional comenzó justo en el momento en que la rentabilidad empresarial en EEUU estaba en su punto histórico más bajo en la profunda recesión de principios de 1980. El capitalismo tuvo que restaurar la rentabilidad. Lo hizo en parte aumentando la tasa de plusvalía despidiendo trabajadores, congelando aumentos salariales y eliminando gradualmente prestaciones sociales y pensiones. De hecho, es significativo que el colapso de la participación del trabajo se intensificó después de 1997, cuando la rentabilidad EEUU alcanzó su punto máximo de nuevo y comenzó otra vez a decrecer. El factor de reequilibrio opuesto de la ley de la rentabilidad de Marx volvió a entrar en acción vengativamente. Según Emmanuel Saez, el 1% superior de los hogares se apropió del 65% de todo el crecimiento de la economía desde 2002. Y la parte superior, el 0,01% de los hogares de EEUU, es decir 14.588 familias con ingresos superiores a 11.477.000 de dólares, vio su participación en el ingreso nacional doblarse del 3% al 6% entre 1995 y 2007.

No fue el poder monopólico o aumento de las rentas de los plutócratas monopolistas lo que forzó la reducción de la participación del trabajo en la renta nacional, fue sólo el capitalismo. La parte del trabajo en el sector capitalista en EEUU y en otras economías capitalistas se ha reducido debido a que la tecnología aumenta y su "sesgo favorable al capital", la globalización y la mano de obra barata en el extranjero, la destrucción de los sindicatos, la creación de un gran ejército de reserva de mano de obra (desempleados y subempleados), y del fin de los derechos laborales y los contratos fijos negociados colectivamente, etc.. Aquellas empresas que no son monopolios en sus mercados probablemente hicieron más en este sentido que los monopolios. De hecho, esto es exactamente lo que Marx quería decir con la "miseria de la clase trabajadora".

Por otra parte, la desigualdad o la caída en la participación del trabajo en la renta nacional no son la causa de las crisis por falta de demanda, como defienden muchos post-keynesianos y marxistas. Si, los salarios como proporción de la renta es la más baja de la posguerra, pero los ingresos totales de los trabajadores no lo son cuando se incluyen las transferencias sociales. Este es un punto clave (señalado por Andrew Kliman en su último libro, entre otros). El consumo de los hogares como porcentaje de la renta nacional está cerca de su máximo histórico. Si, esto se debe en parte a los créditos para la compra de casas y mercancías de alto precio a plazos. Pero también es en parte debido a los subsidios sociales y los créditos fiscales para reemplazar los salarios demasiado bajos (como nos dijo Mitt Romney (¿él?), el 47% de las "unidades tributarias" no pagan impuesto sobre la renta en EEUU) . Según mis propios cálculos, es la misma historia en las otras economías capitalistas: los ingresos de los trabajadores no han disminuido como porcentaje de la renta nacional desde 1981, si se incluyen las transferencias sociales (beneficios netos y créditos fiscales).


(Cambio en la participación de la renta nacional en la OCDE, con o sin transferencias sociales)


Lo que significa que la idea de salvar al capitalismo subiendo los salarios y restaurando la demanda es falsa. Solo serviría para reducir la rentabilidad. El problema no es la demanda de los consumidores, la rentabilidad y la inversión si.

¿Por qué la economía convencional dominante de repente se preocupa por estos problemas? Tal vez sea porque algunos economistas han tenido una revelación sobre cómo funciona de verdad el capitalismo. Tal vez sientan la injusticia que supone la caída de la participación del trabajo en la renta nacional. Al parecer, Paul Krugman se ajusta a estas dos explicaciones. Pero para la mayoría de los economistas convencionales, es más probable que se deba a la preocupación por las implicaciones sociales de la desigualdad creciente y la amenaza que suponen para el capitalismo si las cosas siguen como hasta ahora.

Si las economías capitalistas avanzadas permanecen en una larga depresión y la desigualdad de ingresos se mantiene o crece, la posibilidad de estallidos sociales aumentará. La fe en el capitalismo como el único sistema que funciona se desvanecerá como la creencia en Cristo - pero mucho más rápidamente. Ese es el principal miedo de los economistas convencionales. Es el mismo miedo que llevó a Keynes en la década de 1930 a buscar formas nuevas y más radical para "salvar el capitalismo" a partir de sus propios defectos. Los estrategas del capital de mala gana aceptaron algunas de sus recetas durante cierto tiempo, mientras las recetas keynesianas parecían ofrecer una salida a las depresiones dentro del capitalismo. Pero cuando la ley de la rentabilidad de Marx volvió a actuar durante la década de 1970, el keynesianismo fue abandonado a favor de políticas neoliberales (neoclásica) orientadas a elevar la tasa de ganancias y recortar los beneficios sociales. La política neoliberal ya ha fracasado y la economía convencional (sobre todo los keynesianos) están dando la alarma de emergencia.

Michael Roberts

http://thenextrecession.wordpress.com/2012/12/12/apples-robots-and-robber-barons/


Traducción por Gustavo Buster.


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