viernes, 10 de febrero de 2012

Desmontemos las mentiras, exijamos lo que es nuestro

Todo es una farsa. Todo está basado en una espiral en las que una mentira sustituye a otra más grande y a ésta, otra aun mayor.

Imaginemos una Comunidad de Vecinos en la que el administrador es elegido en asamblea de vecinos. El administrador, que es un cenutrio y que ha subcontratado el mantenimiento de los ascensores, la limpieza de la escalera y la conservación del edificio a tres empresas de amigos que cobran casi el doble que el resto de los competidores pero que le dan a él el 20% del contrato, a fin de volver a ser elegido, baja las cuotas de la comunidad.  Por supuesto es reelegido porque los vecinos pasan olímpicamente de las reuniones de vecinos y de las cuentas y sólo ven que la comunidad está limpia, que enseguida cambian las bombillas cuando se funden y que encima les cuesta menos dinero.

En el segundo mandato, el administrador contrata con una empresa un anuncio enorme en el tejado por un periodo de 10 años por el que la comunidad recibirá 6.000 euros al año (además de los 2000 más que recibirá el administrador). Dos años después de poner el dichoso luminoso, al edificio le salen unas grietas que todo hace pensar que son consecuencia del peso. La empresa del luminoso dice que si quitan el letrero la Comunidad les debe pagar 30.000 euros por incumplimiento de contrato. El administrtador decide que es mejor reparar las grietas y reforzar el tejado para poder seguir contando con los 6.000 euros de la publicidad. La empresa que hace las reparaciones, reclama a la comunidad 35.000 euros de las obras. Y el administrador propone que para saldar las deudas, la única forma es prescindir del portero y reducir la calefacción tres horas al día. Seis meses después, la deuda de 35.000 euros apenas se ha reducido y la empresa de las reparaciones amenaza con ejercer acciones legales. Entonces, la junta de vecinos a propuesta del administrador, aprueba, reducir el agua caliente y la calefacción a 5 horas al día, cerrar el ascensor y que la escalera se limpie una vez a la semana. A pesar de todos los esfuerzos, la deuda de la comunidad no se reduce y una nueva propuesta del administrador les deja definitivamente sin agua caliente, sin limpieza de escalera y se pone una especie de canon por uso de la escalera. El canon es por vivienda en lugar de por el número de personas que la usan. Pero un año después, la deuda sigue sin  ser saldada y el administrador empieza a subir las cuotas de la comunidad, haciendo que todos los pisos paguen la misma, sin tener en cuenta los metros de cada vivienda.

Total, que para acabar con la deuda, los vecinos se han quedado sin ningún tipo de servicio y encima han acabado pagando las obras, que fueron más caras que haber quitado el cartel.

Los liberales, llevan tiempo con el mantra de que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y con el de que los servicios públicos deben de ser rentables. Además nos quieren dar a entender que es algo que los políticos nos regalan por su bondad.

Y hay que empezar a llamar a las cosas por su nombre. Los únicos que han vivido por encima de sus posibilidades son los políticos que se han gastado la pasta de hasta cuatro generaciones en obras faraónicas, en eventos organizados por empresas de amigos que nos costaban cuatro veces el valor del mercado, en polideportivos en pueblos con 300 habitantes que no hay quién los use salvo en verano y en comisiones a fundaciones por servicios que eran prestados por la propia administración y que han resultado ser empresas del timo.

Por otra parte, los servicios públicos deben de ser, eso, servicios y públicos y su rentabilidad no se debe tomar en la diferencia entre el coste del servicio y lo que el usuario paga, sino en el bienestar que crea y en la utilidad a la comunidad. La administración debe de ser todo lo amplia que se necesite a fin de que la maquinaria del estado pueda funcionar y por tanto reducirla hasta hacerla inoperativa no es un ahorro sino una malversación.

Por tanto, es hora de reclamar unos servicios públicos de calidad dotados suficientemente y que pagamos con nuestros impuestos. Es hora de decirles a nuestros políticos, que los impuestos son la única forma de contribuir al sostenimiento del estado y que por tanto, como el dinero es nuestro, debemos ser nosotros quienes decidamos en qué nos lo gastamos. Es la hora de decirles a nuestros políticos que queremos sanidad o educación en lugar de contribuir al sostenimiento religioso de una confesión. Que queremos transportes públicos de calidad y baratos, en lugar de subvenciones a visitas papales. Que queremos que el agua sea de todos, o sea nuestra, en lugar de que se malvenda a los amigos de La Rancia.

Es la hora de acabar con todas las mentiras de los fascistas y reclamar lo que es nuestro. Y sobre todo, de ser conscientes de que es nuestro.


Fuente: http://celeming.wordpress.com/2012/01/09/2695/
La imagen que ilustra el post es propiedad de Forges


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