domingo, 5 de febrero de 2012

«En esta época de crisis es más necesaria que nunca una renta básica universal»

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Juanjo Basterra entrevistó para el periódico vasco de izquierda Gara a Daniel Raventós


La Red de Renta Básica cumplirá en febrero once años de andadura. Sus planteamientos están calando en la sociedad y, al contrario de lo que pudiera pensarse en este momento ante la falta de disponibilidad económica entre las administraciones, es «más necesaria que nunca». Daniel Raventós cree que nuevas organizaciones como Bildu o el 15-M generarán debate en torno a esta iniciativa.


Daniel Raventós (Barcelona, 1958) preside la Red Renta Básica, integrada en la Basic Income Earth Network (BIEN). Doctor en Economía y profesor titular en la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad de Barcelona, ha pasado estos días por Bilbo para, entre otras cosas, presentar en Euskal Herria el libro «La renta básica en la era de las grandes desigualdades», de la editorial Montesinos, elaborado junto con David Casassas y con la colaboración de otros autores y defensores de la renta básica.


La Red de Renta Básica cumple once años en febrero, ¿qué ha pretendido con el nuevo libro?

Como asociación cumplimos once años. El nuevo libro es una puesta a punto de la renta básica en la actualidad, teniendo en cuenta que la situación económica y social ha cambiado desde hace casi cuatro años.

Hablamos de la era de las grandes desigualdades, porque justamente la crisis ha acrecentado más las desigualdades entre una minoría ultra-rica y la inmensa mayoría de la población empobrecida. Tocamos la crisis y hablamos del incremento de la incidencia de las enfermedades mentales. Organismos internacionales ponen en evidencia ese aumento debido a la depresión. Hay más suicidios, Grecia es un ejemplo.


¿En un escenario de crisis es posible poner en marcha la renta básica universal, cuando en la época de bonanza no se quiso hacer nada desde las administraciones?

Es verdad. Políticamente, para los aires que corren, la renta básica es más difícil de poner en práctica, pero es precisamente más necesaria. La situación económica y, por tanto, social que está provocando la crisis está llevando a muchísima gente a la pobreza y a la miseria.

Mucha gente no pensaba hace dos o tres años que iba a sufrir el paro o la pobreza, pero ahora son sujetos o clientes, si se quiere, de Cáritas, por decirlo de alguna forma. Es ir más contra la corriente, en lo político, pero desde el punto de vista social es más necesario. Otra cosa es que las medidas que se están adoptando en materia económica nos están hundiendo más. En el libro, el mexicano Pablo Yanes, y yo, entre otros, una de las cosas que escribimos es que la renta básica generaría un incremento de la demanda y sería una medida no procíclica, mejoraría la actividad económica, sin duda.


¿La propuesta de renta básica universal tiene un apoyo creciente en estos once años?

Si nos retrotraemos a 2001 no podemos hablar de una línea ascendente. En los 4 o 5 años iniciales había más movimiento. En 2003 o 2004 se discutió en el Parlament de Catalunya. Ya dijimos entonces que no nos podíamos animar demasiado, porque sabemos lo que ocurre con las modas.

El PSOE en la oposición veía con simpatía la propuesta, pero llegó al Gobierno, y se olvidó. Creo que el apoyo a esta iniciativa ha sufrido unos dientes de sierra, pero es algo natural. No obstante, creo que es necesaria, más en esta época de crisis.


En el Congreso español se creó una subcomisión, pero no hizo nada...

Es así. Se aprobó por unanimidad. Digo unanimidad, porque la derecha vasca, catalana y española sabían que salía por mayoría del resto. La apoyaron para que en la fase de discusión, según decían, pudieran desmontarla y trasladar la idea de irracionalidad de la misma. Estalló la crisis y nadie puso en marcha esa subcomisión que se creó hace tres o cuatro años.


¿Generó expectación?

Sí, fue una lástima. En ese tipo de encuentros se pueden pedir datos, estudios y podríamos haber obtenido muestras representativas de las declaraciones de IRPF para poder estudiar la extensión de la renta básica. En Catalunya lo hicimos, tras analizar 200.000 declaraciones de la renta.


¿Se demostró que era factible esa medida?

Así es. Al principio nos quedamos extrañados. Hicimos un estudio a fondo hace 6 ó 7 años en el que se concluía que se podía financiar una renta básica de 5.400 euros anuales para los adultos y 2.700 euros anuales para los menores de 18 años. Esa cantidad era similar entonces al salario mínimo interprofesional (SMI) en 12 pagas, no en 14. Los recursos se conseguían mediante la reforma del IRPF y las asignaciones monetarias desaparecían, no las de Seguridad Social y de la Enseñanza pública, por ejemplo. Colocamos el tipo marginal del IRPF en el 49%.

No era descabellado. En Estados Unidos hace más de 30 años los más ricos pagaban hasta el 85% en impuestos. Si actualmente alguien lo propone en la UE casi va a la cárcel. Estados Unidos nunca había conocido una etapa de tanta prosperidad. Las desigualdades no eran tan bestias como en este momento.


¿Qué hace falta para conseguir poner en marcha la renta básica universal?

Dos cosas, que organizaciones nuevas como Bildu y movimientos como el 15-M, que ha tenido su importancia para remover alguna conciencia, se interesen y apoyen su puesta en marcha. En el último simposio de la renta básica que celebramos en Barcelona en noviembre pasado participó el diputado foral de Bildu de Gipuzkoa, Ander Rodríguez, y también representantes del 15-M. Estuvieron en el debate. No tenemos todos la misma concepción de renta básica, pero sí muy parecida.


¿A qué se refiere?

La idea esta de garantizar la existencia material a toda la ciudadanía, dada la situación social actual, al menos entre personas con sensibilidad social, va calando, lo mismo que la idea de que uno no puede ser libre si no tiene la existencia material garantizada. Por eso mismo, un pobre no puede ser libre. Esta concepción va calando y creo que seguirá tomando fuerza, más en esta crisis.


¿Si hubiera estado en marcha, el efecto de la crisis en la población hubiera sido menor?

Por supuesto, como mínimo hubiera sido, al menos, para los sectores más vulnerables un auténtico colchón, porque tendrían la existencia material garantizada. No eludo las críticas que genera una renta universal a cada persona por el hecho de serlo. Por ejemplo, en mi Facultad de Economía y Empresa en la Universidad de Barcelona muchos de mis colegas dicen de la renta básica que serviría para mantener a parásitos. O que la gente no trabajaría asalariadamente, cuando estudios empíricos existentes invitan a utilizar esas medidas por lo contrario.


Otra crítica, que se utilizó mucho, es ¿cómo se le va a entregar la misma cantidad al hijo del presidente del BBVA, por ejemplo, que al de un obrero o un parado? ¿Qué opina?

La confusión está en pensar que todo el mundo recibe la renta básica sin tocar nada. El presidente del BBVA, o su hijo, debería pagar muchísimo más en materia de impuestos. Claro. Se puede resumir en que la renta básica la recibe todo el mundo, pero no todo el mundo gana. Los pobres ganan, los ricos pierden. En realidad, la renta básica financiada con una reforma del IRPF, entre otras cosas, sería una gran redistribución de la renta. Por supuesto, los ricos seguirían siendo ricos, a falta de otras medidas, pero la desproporciones de renta entre la población serían diferentes.


En Alaska existe algo parecido a la renta básica ¿verdad?

En Alaska cuentan con una renta básica desde hace 30 años, financiada de una manera especial con el petróleo y otras medidas. Desde mi punto de vista, la iniciativa de Alaska no es exactamente igual a lo que proponemos, pero sí ha conseguido que la distribución de la renta de Alaska haya sido muy diferente a los restantes 49 estados de la unión, de Estados Unidos.

Los resultados son tan positivos que nadie se atreve a pedir que la renta básica se suprima. Un profesor universitario de Alaska me decía que si alguien dice lo contrario, tendría que salir huyendo por el estrecho de Bering. En México DF pasa algo parecido con una pensión básica para los mayores de 68 años. La derecha se opuso hace ocho años, pero los resultados han sido tan positivos que ya nadie se atreve a retirarla. Sin duda, la renta básica permitiría un poder de negociación en distintos órdenes de la vida.


¿Qué reto se marca para estos próximos años?

Seguir intentando que la renta básica sea una medida conocida por buena parte de la población. Es más conocida que hace ocho o nueve años, pero la mayoría no la conoce o la confunde con una renta para pobres. Insisto en que organizaciones políticas como Bildu o el movimiento 15-M las vayan asumiendo elevará su importancia. En Europa se va a impulsar una iniciativa legislativa popular. Bueno, allí se llama de otra manera, pero va a generar expectación y va a traer el debate a primer plano.


Usted pide impulsarla ante la crisis, pero los gobiernos se empeñan en recortar las iniciativas de apoyo social, ¿qué le parece?

Cada vez estoy más convencido de que acabaremos ganando. Evidentemente habrá muchas desgracias por el medio, lo que algunos economistas dicen, no precisamente radicales y no los mejores, como Joseph Stiglitz y Paul Krugman, es que se necesita no reducir el déficit, sino generar un déficit como nunca y durante muchos años, justamente lo contrario de lo que se está haciendo. Las medidas que se están proponiendo son un desastre y, al margen del debate de la renta básica, nos llevan a una profundización de la crisis.


¿Hay luz al final del túnel en esta materia?

Sí, a corto plazo no creo, pero sí a medio plazo. Porque iremos ganando en la transmisión del discurso de la renta básica. No dejo de pensar en que algún día sea una parte fundamental. Porque, en realidad, es una alternativa para la inmensa mayoría de la población pobre. No me refiero a pobre con la definición de la UE, que lo define como el que tiene menos del 50% de la renta per cápita, sino que me refiero en el sentido republicano clásico a aquel que no tiene la existencia material garantizada, es decir, la inmensa mayoría de la población, que depende de otros para vivir. Que tiene que pedir permiso para vivir.


¿Es optimista?

Optimista racional, porque tenemos que ir avanzando para conseguir esa meta.


Daniel Raventós es profesor de la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad de Barcelona, miembro del Comité de Redacción de sinpermiso y presidente de la Red Renta Básica. Su último libro, coeditado con David Casassas, es La renta básica en la era de las grandes desigualdades (Montesinos, 2011).



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