martes, 30 de octubre de 2012

¿Y ahora qué? Cinco jóvenes en cinco países diferentes


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PUBLICADO EN XL SEMANAL

¿Y AHORA QUÉ? 
Con el paro juvenil en el 52% irse del país, más que una opción, es una obligación. 41.000 españoles emigraron en los seis primeros meses de este año. El problema es que muchos piensan en 'el extranjero' como salvación y eso es «una verdad a medias».
Cinco jóvenes en cinco países diferentes nos cuentan:


Eva Crespo
31 años. Tarrasa.
Vive en Río de Janeiro desde hace un año. trabaja en un albergue. licenciada en traducción e interpretación.
Brasil se ha convertido en objetivo prioritario para los españoles. El resurgir de la economía brasileña, el próximo Mundial y los Juegos Olímpicos lo han puesto en el punto de mira de muchos jóvenes. Pero, al mismo tiempo, las trabas burocráticas del gigante brasileño se están convirtiendo en insalvables. Eva Crespo llegó en abril de 2011 a Río de Janeiro. Fue a hacer voluntariado por un mes, dando clase de inglés en una favela. Decidió quedarse. «Ahora mismo estoy ilegal, ya que el papeleo y los permisos tardan muchísimo. Es lo más negativo de Brasil», explica. «Estoy trabajando en un albergue, como gerente, y aunque la experiencia es muy buena, quiero montar mi propio negocio, ya que tengo dinero ahorrado. Pero hasta que me den los permisos no puedo hacer nada».
La esperanza de Eva es lograr sus papeles a través de su unión como pareja de hecho con su novio, brasileño. «Al principio me debatía entre regresar a España o no, pero después de conocer a mi pareja tuve más claro que quería quedarme». Salir y entrar del país tampoco es fácil. «Desde abril, Brasil pide a los españoles los mismos documentos que España pide a los brasileños: carta de invitación o reserva de hotel, billete de vuelta y una cantidad de dinero. Se oyen muchos casos de españoles deportados», cuenta. Eva tiene grabado el primer día que la Policía federal la interceptó en el aeropuerto. «Salí después de un año. Estaba sin visado, pero en el Consulado me dijeron que 'no pasaba nada'. Con las maletas facturadas, la Policía no me dejó embarcar porque necesitaba un salvoconducto. Pude salir dos días después, pero pagando una multa considerable... Cuando volví a Brasil dos meses más tarde, pasé miedo por si no me dejaban entrar. Es un miedo constante; nunca sabes cómo va a terminar».

Silvia Palomo
32 años. barcelona. Vive en Shanghái desde hace un año y medio. Trabaja como diseñadora de complementos.
Un día, al poco tiempo de estar aquí, salí a comprar algo y me fui lejos de casa, así que necesitaba coger un taxi para regresar. En ese momento se puso a llover a mares y estuve un buen rato mojándome sin que pasara ninguno. Cuando llegó el primero, aparecieron corriendo dos chicas chinas que me lo robaron en la cara. Ya estaba empapada. Paré otro taxi, pero no había manera de que el taxista me entendiera la dirección -no hablan inglés y no entienden lo que intentas explicar- y me echó de su taxi. El tercero hizo lo mismo. Se me hizo de noche. Me puse a llorar bajo la lluvia de la impotencia de querer llegar a casa y no poder».
Silvia lleva más de un año en Shanghái, conocida en China como la ciudad de las oportunidades. Allí trata de hacerse un nombre en el diseño de moda. Tras varios años de experiencia en España, donde trabajó para varias marcas de renombre, decidió emprender su aventura en el extranjero. «Tenía ganas de probar otras cosas porque mis últimas experiencias profesionales en España no fueron buenas». La idea de Silvia tomó definitivamente forma cuando a su marido le propusieron trasladarse a Shanghái.
Silvia trabaja hoy para una empresa de complementos taiwanesa y lucha por abrir su propia línea de moda infantil. «Aquí hay oportunidades que en España ahora mismo son imposibles. Es duro, pero vas viendo que avanzas». Eso a pesar de que su destino no es el más sencillo para emigrar. «Es muy difícil integrarse con los chinos. Los extranjeros vivimos aparte, como en una burbuja». Admite que «antes de venir pensaba que todo iba a ser muchísimo más fácil, más fluido. Me costó adaptarme y aún lo estoy haciendo. Solo empiezas a sentirte bien cuando aceptas que no todo es como lo imaginas y simplemente intentas que se aproxime lo máximo posible a las expectativas que te marcaste antes de partir». Pese a ello, no se plantea volver. «No quiero dejar las cosas a medias y no se puede desperdiciar una oportunidad así. Voy a seguir luchando».

Ignacio Pérez
28 años.  Puerto de Santa María.  Vive en México DF desde hace dos años.  trabaja como veterinario.
Cero plazas. Este fue el panorama que Ignacio Pérez -gaditano de 28 años- se encontró cuando preparaba las oposiciones para el Cuerpo Nacional de Veterinarios. «Estaba estudiando y en marzo de 2010 me enteré de que no había plazas y que no las habría en los próximos años. Decidí irme». Ignacio cursó un máster en Francia sabiendo que, con probabilidad, lo enviarían a trabajar a Latinoamérica. Y así fue. «Desde hace dos años vivo en México DF, donde ejerzo como veterinario».
«Había vivido anteriormente en otros países, pero siempre iba con fecha de regreso. Esta vez era diferente, sabía que partía sin billete de vuelta... y eso produce miedo, esa es la verdad. En mi caso, al tratarse de México, más todavía, por todo lo mal que se habla del país en la televisión española: que si secuestros, muertos, tráfico de órganos... Los últimos días antes de venirme me planteé varias veces decirle a la empresa que renunciaba a mi trabajo». No lo hizo y hoy se reconoce contento: «Encontrar en España un trabajo como el que tengo lo veo muy complicado. Me pagan un buen sueldo, puedo viajar, comer fuera con frecuencia...». Todo eso a cambio de estar lejos de casa, el reverso de su experiencia. «Admito que, si pudiera regresar, regresaría. No solo por aspectos como el carácter de la gente, el humor, las cervecitas, las tapas... También porque estar aquí implica estar lejos de mi sobrina, a la que no estoy viendo crecer, o de mi abuela, a quien probablemente ya no vuelva a ver. Al pensar esas cosas se me cae el mundo a los pies. A veces te planteas si, por muy buen trabajo que tenga y por muy contento que esté, merece la pena vivir a 9000 km de tu casa. Espero que en dos años las cosas hayan mejorado y pueda volver. Ese es mi objetivo».

Clara Marrodán
29 años. Logroño. Vive en Byron Bay (Australia) desde hace seis meses. se gana la vida cuidando niños mientras busca trabajo. Estudió Veterinaria.
Clara le pilló la crisis en Logroño, su ciudad natal. A ella tuvo que regresar por asuntos familiares dejando tras de sí un empleo como veterinaria en Barcelona. Antes había trabajado becada en Escocia y en Madrid. Su carrera parecía encarrilada. «Mi problema llegó cuando me puse de nuevo a buscar trabajo como veterinaria. No había. Decidí irme». Clara alzó su mira al otro lado del mundo. Literalmente. «Australia está muy lejos, así que te haces a la idea de que vas a dejar a tu familia y a tus amigos por mucho tiempo. No es fácil».
Vive en Byron Bay, una ciudad costera. «Siempre te cuentan la historia de un amigo que se fue y le va fenomenal. La realidad es que la competencia es dura y hay muchos obstáculos. En mi caso, por el tipo de permisos que dan en Australia, solo puedo trabajar media jornada», que ella emplea como cuidadora de niños. «Hasta que no logre convalidar mi titulación no podré desempeñar mi profesión aquí. Tengo que mantenerme como pueda. Voy a darme un tiempo. Viajar, abrirte al mundo y mejorar mi inglés me compensa. De momento».

Víctor Martínez
29 años.  Madrid.  Vive en Niza desde hace dos meses.  Trabaja como ingeniero informático.  Anteriormente vivió en Dublín.
Entre una beca Erasmus en Milán y un año trabajando en Dublín, Víctor tenía ya 'callo' en lo de vivir lejos de casa. «En aquellas ocasiones, me fui impulsado sobre todo por vivir una aventura». La cosa cambió en su última salida de España. Desde hace unos meses vive en Niza, a donde llegó tras ser contactado por una empresa informática. Víctor estuvo meses buscando trabajo en España antes de decidirse. «No encontré nada decente. O los salarios son muy bajos o los proyectos no son interesantes».
Partió rumbo a Francia y de momento admite estar satisfecho. «Mi ventaja es que he venido con trabajo ya y con un sueldo bueno -bastante mejor que en España- y he optado por vivir con gente extranjera en las mismas condiciones que las mías. Vivo con italianos, argentinos, alemanes...». Por ello admite que se ve en Niza en los próximos años. «Me gustaría quedarme un par de años por aquí. Parece un buen sitio para vivir. Además me gustaría aprender francés y mejorar laboralmente. Es difícil volver a España tal cual están las cosas. Preferiría haberme quedado, es verdad, porque en el aspecto personal estaba muy a gusto, pero solo volvería con trabajo. Espero que esto sea algo temporal... aunque nunca se sabe».



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